Con el pretexto de marzo

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Doris (a la derecha) y Eva (a la izquierda), dos mujeres hermanadas más que por sus genes. Foto: Iveett Valdés

 

No soy de quienes piensa que solo en los días señalados debemos celebrar determinadas fechas o recordar algún acontecimiento. Siempre será un buen momento para demostrar amor, dedicar un gesto especial a las madres y los padres o  reconocer a una persona por la importancia de su labor para la sociedad.

Se acerca el 8 de marzo y por azares del trabajo hace unos días, casi por casualidad, escuché las vivencias de dos mujeres que podrían resumir las historias cotidianas de muchas.

Como el tercer mes del calendario propone agasajar a las féminas en todo el mundo pues que sea este un modesto regalo a todas las cubanas.

Eva y Doris son hermanas, pero más que los genes las unen su tesón y empeño, sus ganas de crear, la capacidad para encarar responsabilidades, la voluntad cotidiana e infinita para superar obstáculos…

La Empresa de Seguridad y Protección de Mayabeque hoy tiene al frente a Doris Rodríguez Sánchez, pero desde mucho antes esta nicolaseña ya desempeñaba funciones como directiva y de esos primeros años rememora: “tenía una niña pequeña, la mayoría de las veces me iba al trabajo desde temprano y la dejaba durmiendo; después regresaba tarde. Gracias al apoyo de mi madre y de mi familia pude seguir adelante con todas mis tareas”.

“Nosotras debemos combinar el trabajo, la familia, las tareas y responsabilidades sociales y laborales. Esto hace que en todo momento tengamos que superarnos. Yo empecé como obrero calificado, después hice un Técnico Medio y más adelante logré mi Licenciatura en Contabilidad y Finanzas.

“Las féminas nos crecernos ante todas las dificultades para lograr ser cada día un poquito mejores en los trabajos que hacemos y estamos más comprometidas con nuestro deber”, asegura Doris.

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Desde su juventud Doris ha asumido importantes responsabilidades, hoy se desempeña como Jefa de la Empresa de Seguridad y Protección de Mayabeque. Foto: Iveett Valdés

Los pasos y el quehacer de Eva Rodríguez Chávez como farmacéutica están marcados en tierras del Caribe, Suramérica y Asia, pues ha cumplido cuatro misiones de colaboración más allá de las fronteras cubanas.

“La que más me impactó, por los cambios en cuanto a cultura, religión e idioma, fue la del 2005 en Paquistán. Llegué allí apenas 12 días después del terremoto. Cuando el avión sobrevolaba la ciudad, tras una larga jornada de 22 horas de vuelo, se veía una destrucción total, eran lugares arrasados completamente.

“Al llegar a esa nación no entendíamos nada de lo que hablaban allí, pues emplean un dialecto típico: el urdú. Este es muy difícil de entender y de escribir mucho más. No todos los paquistaníes hablaban inglés, aunque algunos si se comunicaban a través de este idioma.

“A mí me tocó estar en el Puesto de Mando de la Misión para coordinar el despliegue, la construcción de los hospitales (en cada vuelo llegaban tres totalmente equipados con tiendas de campaña, módulos de medicamentos, entre otros útiles) y eso se desplegaba en 72 horas por un colectivo reducido de cooperantes sin ningún tipo de adiestramiento en esas funciones.

“Amanecíamos trabajando, pasábamos 24 horas sin dormir hasta que cada hospital quedaba listo, eso incluía hasta salones quirúrgicos. Era un esfuerzo sobrehumano.

“En esa nación vi por primera vez la nieve, la experiencia de tocarla fue magnífica. Sin embargo, lo peor fue cuando comenzó a nevar en la madrugada mientras todos dormíamos y comenzó a acumularse en el techo de las tiendas de campaña, lo que trajo consigo que las tiendas comenzaran a derrumbarse. Cuando nos percatamos agarramos haraganes y escobas y pasamos la madrugada entera quitando nieve de los techos” evoca.

De su estancia en Bolivia cuenta sobre el honor de conocer a Evo Morales: “él participaba con nosotros en las actividades, es una persona sencilla, humilde, afable. Nos hacía sentir como si estuviéramos en casa”.

Narra Eva las jornadas que vivió en Haití tras el devastador terremoto de 2010. “A diferencia de Paquistán, en esa nación caribeña el calor alcanzaba los 47 grados. Vivimos también en tiendas de campaña, no había agua ni electricidad, la situación era muy difícil.

“Esa misión me aportó igualmente muchas experiencias. La pobreza es extrema allí, eso nos marca y nos enseña a valorar cómo en el sistema cubano se prioriza la salud; nos faltarán otras cosas, pero la calidad de nuestra salud y educación no se compara con otros países del mundo. Una vez más me sentí orgullosa de ser cubana”, afirma.

Venezuela fue la misión más reciente de la nicolaseña. “Allí me tocaron etapas bien difíciles. Entre el 2011 y el 2014 estuve en la nación bolivariana y esta etapa coincidió con la muerte del Comandante Hugo Chávez y después la presentación de Nicolás Maduro como candidato a la presidencia y la campaña de apoyo que realizamos los cubanos”, explica.

“Dejé mucho en Cuba: a mi hijo pequeño, a mi madre quien falleció mientras yo estaba fuera del país. Fueron cuestiones que también me marcaron”, se le escucha entrecortada.

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Eva ha cumplido 4 misiones internacionalistas: Paquistán, Bolivia, Haití y Venezuela son las naciones en las que aportó su quehacer y conocimientos. Foto: Iveett Valdés

Como la de Eva y Doris se multiplicaron historias aquella mañana, porque en nosotras se sintetizan amor, responsabilidad, talento, energía, valor y entrega. Porque somos mujeres cubanas.

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