De tardes, fueguitos y utopías…

Hoy este blog regala la postal de una tarde mayabequense y las siempre sabias reflexiones de Eduardo Galeano:

“El mundo es eso. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende”.

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“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Celebración de las palabras

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El español es el idioma común que nos une y nos ha legado una herencia extraordinaria: su diversidad y heterogeneidad. Millones lo compartimos, enriqueciéndolo con elementos propios de la cultura de cada grupo social.

Las veintisiete letras del alfabeto español, en sus más diversas combinaciones, nos permiten decir los sentimientos, dibujar emociones y nombrar nuestro universo. Las palabras son las voces de la humanidad, con ellas hablamos, nos entendemos, nos comunicamos.

Porque las tenemos nuestro mundo no es mudo.

La sinfonía cotidiana de cada persona está compuesta por la música de las palabras. La sabiduría, la historia y las tradiciones se construyen con la misma materia prima.

Desde sustantivos para nombrar, pasando por los adjetivos para describir, hasta los verbos para hacer, la riqueza es inagotable pues el idioma es un ente vivo y en continuo desarrollo.

Hay palabras en todas partes. Pueden estar separadas o juntas, en forma de poesías, libros, grafitis, canciones. Pueden ser antiguas, alegres, de amor, chistosas, inteligentes, absurdas, de dolor, nostálgicas, nuevas. Todas distintas por lo que valen, lo que cuentan, lo que expresan, lo que gritan.

También son poderosas: pueden herir y pueden sanar.

Alrededor de 450 millones de personas son hablantes del español. Ello le confiere dimensiones gigantescas pues cada quien contribuye, con sus vivencias y sus prácticas comunicativas, a ensanchar los horizontes del idioma.

Así, nuestra lengua y sus palabras también son una parte medular de la identidad de quienes la empleamos.

Entonces, como para conservar el tesoro del idioma español, es preciso hablarlo y escribirlo adecuadamente, cuidando la ortografía y la gramática; leer más; encontrar en la lengua, en toda su dimensión, su pluralidad y su riqueza, el término preciso al referirnos a cada cosa; y sobre todo, aprender y enseñar el significado de un «buenos días», de la delicadeza, de los valores, de la amabilidad, de la cortesía, de la modestia, de la solidaridad, de la humildad, de la entereza, del decoro, de las convicciones, del altruismo, de la verdad, de la sencillez, de la virtud… Son todas ellas maneras para construir juntos nuestra memoria.

Por Iveett Valdés Betancourt

Foto: Tomada de Internet